Indígenas de Alaska celebran el fin de la sequía de turistas

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Icy Strait Point (EE.UU.), 11 ago (EFE).- Los nativos de Icy Strait Point (Alaska), un paraje montañoso e insular poblado de pinos, osos, águilas y ballenas, celebraron con danzas la inauguración de su nuevo muelle para cruceros con la llegada del enorme “Encore” de Norwegian, su socia en este anhelado sueño interrumpido por la pandemia.

Esta comunidad de la localidad de Hoonah, a la que se llega por mar o en pequeñas avionetas, contaba los días para el regreso del turismo.

La pandemia ha supuesto para Alaska la pérdida de 3.000 millones de dólares y de más de 40.000 empleos, especialmente en el sureste, donde se concentran los cruceros y se asientan las tribus Tlingit, Haida y Tsimshian.

De nuevo los alasqueños de esta remota villa cumplieron con su promesa de garantizar “ciento por ciento” el avistamiento de ballenas, principalmente jorobadas, por una razón simple: van allí a alimentarse de crías de salmón.

Así lo hicieron en presencia de los cruceristas del “Encore” que teléfono en mano trataban de captar a los cetáceos en movimiento durante el festín, antes de degustar también ellos el salmón local y de aprender sobre su vinculación con la historia de este pueblo del sureste de Alaska.

Los directivos de la Corporación Huna Totem, la entidad indígena propietaria y administradora de Icy Strait Point, se mostraron complacidos con el muelle de Norwegian y también con el sistema de góndolas Transporter que fue inaugurado a la vez, y expresaron que ambas obras son acordes con sus deseos de preservación cultural y ambiental.

Transporter es un sistema aéreo de alta velocidad que evita el uso de al menos un centenar de autobuses para llevar a los pasajeros desde el nuevo muelle al centro histórico de Hoonah, localidad situada a unos 48 kilómetros de Juneau, la capital de Alaska.

Tras el corte de los cintillos de rigor, los indígenas le entregaron un remo de madera labrado con motivos indígenas al presidente de la naviera, Harry Sommer, quien a su vez les obsequió una placa conmemorativa.

El presidente de Norwegian Cruise Line (NCL) resaltó que las góndolas no solo son una obra sorprendente desde el punto de vista de la ingeniería, sino también del cuidado ambiental.

TURISMO, LA ÚNICA OPCIÓN

Kim Campbell, una de las indígenas que recibieron a los turistas con danzas al ritmo de tambores, dijo a Efe que en una comunidad de 850 personas no habría empleo sin el turismo.

“Me ayuda a proveer a mi familia, esta es una de las pocas oportunidades de trabajo en el pueblo, es una gran cosa un nuevo muelle, el año pasado iba a ser la mejor temporada y sucedió el covid-19”, señaló.

Los más de 1.400 accionistas indígenas de Huna Totem esperan que el muelle Wilderness Landing, que comenzó a construirse hace más de dos años, reactive la economía de esta comunidad que iniciaron unos pocos comerciantes de pieles a finales del siglo XIX.

Esta corporación es una de las “reclamaciones de nativos” autorizadas por una ley estadounidense de 1971, que les adjudicó más de 23.000 acres (9.315 hectáreas) de tierra y dinero en efectivo.

Icy Strait Point, cuya historia está también vinculada con la antigua Hoonah Packing Company, una empresa conservera de salmón establecida en 1912, recibió así a los pasajeros del “Encore” que estrenaron el muelle con meses de retraso.

En medio de la bruma y con el sonido de las voces de los trabajadores de la nueva terminal que ayudaron a atracar el crucero, terminó la larga sequía turística sufrida por Icy Strait Point.

Poco a poco desembarcaron los pasajeros, todos vacunados y con las pruebas negativas del patógeno que les tomaron antes de zarpar de Seattle el sábado pasado.

Este pueblo de Alaska mantiene aún la precaución de usar mascarilla obligatoriamente en los sitios cerrados, que son los menos en esta inmensidad de pinos en la costa del Pacífico del Norte.

TIROLINAS LA GRAN ATRACCIÓN

Una de las mayores atracciones de Icy Strait Point son las seis tirolinas de la famosa ZipRider, la “más grande del mundo” con 5.330 pies (unos 1.620 metros) de largo, que descienden a toda velocidad desde la cima de la montaña Hoonah.

Esta prueba de adrenalina estuvo llena de turistas pese a las ráfagas de fuerte viento que de vez en cuando obligaban a detener el descenso.

El martirio para los menos valientes comenzó con la subida en autobús a la cima de la montaña Hoonah, a unos 400 metros (1.300 pies), un viaje de unos 45 minutos.

Ya en la cumbre no hay lugar para arrepentimientos y solo queda resignarse y amarrarse a un arnés para caer a velocidades superiores a 60 millas por hora (unos 96 kilómetros por hora) con una vista impresionante de los pinos, el océano y el crucero.

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